Jueves, 07 Octubre 2021 10:46

Como aprender guitarra flamenca

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FORMAS DE APRENDER GUITARRA FLAMENCA

Este artículo surge de la demanda por parte de alumnos, amigos que les gustaría aprender guitarra flamenca, o aficionados interesados. Básicamente, es una cuestión bastante recurrente entre gente interesada en tocar la guitarra flamenca ya que la enseñanza, en este caso, no está tan normalizada incluso extendida como puede suceder con otros estilos.

Para comenzar, siempre hago una clara distinción entre las personas que han aprendido “viviendo la guitarra flamenca” desde la infancia y las que no. Crecer en el seno de una familia donde el Flamenco está presente allana mucho el camino de cara al aprendizaje. Siempre hago énfasis en que la Guitarra Flamenca es más que un instrumento. Hay que matizar esto bien porque para expresar tocando Flamenco hay antes que saber, nunca mejor dicho, lo que se tiene entre manos. Podremos imitar sonidos, estilos, hasta nuestra imagen, pero si no sonamos flamenco no hay nada que hacer. Por ello hago siempre hincapié en ir adquiriendo conocimientos de cultura flamenca de modo paralelo al aprendizaje del instrumento para quien se asome a la Guitarra Flamenca por vez primera.

Una vez expuesto el tema del conocimiento del Flamenco, será más comprensible explicar los diversos modos de aprendizaje con sus pros y sus contras. Ésta es mi exposición, como digo siempre, como podría haber otras muchas:

 

APRENDER POR VIDEOS EN LA RED

El sistema es bastante común debido a lo práctico que resulta aprender en el momento que uno deseé, sin tener desplazarse para recibir clases. Y encima es gratis. Hasta aquí todo son ventajas. Pero la lista de inconvenientes es más larga. En realidad no recibimos clases, sino que debemos ser nosotros mismos nuestro propio profesor. Me explico: Recibimos una información de imagen y sonido que debemos procesar en nuestro conocimiento, replicar en nuestras manos, y –lo peor- hacerlo sin saber hasta qué punto lo estamos haciendo correctamente. Ésa es la clave. Podemos tocar algo aprendido en un vídeo creyendo que está bien ejecutado cuando en realidad es altamente probable que hayamos cometido infinidad de incorrecciones sin darnos cuenta (digitaciones con dedos erróneas, no expresar con la acentuación adecuada, malas posiciones de manos, mal ataque a cuerda, saltos en el tempo, etc...). La experiencia con alumnos que me han llegado a clase después de haber comenzado a tocar aprendiendo de videos en la red es nefasta: Un 100% de vicios posturales, con ejecuciones “sucias” en la mayoría de casos. Bajo mi punto de vista, no es lo más recomendable. Es más, directamente lo descartaría como consejo.

 

APRENDER VIA TELEMÁTICA CON UN PROFESOR

Para mi es la opción directamente mejor que la de los videos. Como ventajas tenemos que alguien nos va a controlar que aprendemos correctamente. Al menos debería ser así. Otra gran ventaja, para mí la más importante, es que se puede aprender a distancia cuando se vive en un lugar remoto (un país o ciudad diferente a la del profesor, o una localidad desde donde es tedioso desplazarse), así como para personas que no disponen de mucho tiempo y el desplazamiento les robaría varias horas en ocasiones. Como desventajas tenemos las propias de la conexión de la red (caídas del sistema, mala calidad de la imagen, latencias en el sonido, etc...), pero sobre todo lo que más destaca es que es prácticamente imposible tocar y hablar a la vez. Esto dificulta bastante la comunicación. Los profesores en la red son algo más baratos que los presenciales por lo general. Esto también es un punto a favor. No obstante, al ser tan sencillo dar clases online, la oferta es inmensa y nos podemos encontrar con gente que no tenga nivel y quiera sacarse un dinerito, o guitarristas que toquen bien pero no sepan enseñar, así como –por supuesto también- verdaderos profesores. Éstos últimos no los hay en demasía, al menos en la red. Mi consejo para encontrar el más adecuado no es ver la difusión que hacen en las redes sociales, sino la opinión sobre ellos.

 

APRENDER DE UN AMIGO QUE YA TOCA – JUNTÁNDOSE CON FLAMENCOS

Se da con bastante frecuencia la circunstancia de aficionados sin grandes pretensiones a nivel guitarrístico que les encanta la guitarra y que van adquiriendo poco a poco conocimientos de guitarristas de su entorno flamenco. Comienzan sus pasos emulando ritmos básicos, como un juego, y van aprendiendo con cuentagotas. No reciben clases formales, pero van adquiriendo algo muy importante: cultura flamenca y mucha base de conocimiento. Es lo que tiene rodearse de flamencos. El inconveniente surge cuando desean progresar, llegan a ponerse en manos de un profesor y éste advierte la cantidad de vicios adquiridos por un aprendizaje aleatorio. Si el alumno es consciente y perseverante, con el tiempo puede conseguir allanar el terreno. Pero lo que más destaco de esta “modalidad” (llamémosle así) es que, a diferencia de otras, el bagaje de conocimiento flamenco es muy superior. Y si luego se ponen en manos de un buen profesor tienen el terreno abonado para tocar muy bien “diciendo flamenco”. He tenido casos tal cual describo que han llegado luego a ser profesionales. Una formación inicial en una peña flamenca, en una asociación cultural andaluza, en una familia flamenca, o en un entorno que favorezca escuchar mucho flamenco, es primordial para ganar mucho tiempo y tocar con criterio.

 

APRENDER EN UN CONSERVATORIO DONDE IMPARTAN FLAMENCO

Reseño este apartado por consultas recibidas por correo electrónico de lectores del blog. Y lo hago porque si por mi fuera no lo incluiría como un apartado más en este artículo. La enseñanza como tal en los conservatorios donde se imparte la asignatura de Guitarra Flamenca forma parte de un grado superior. Esto es, que para acceder a ello hay que superar unas pruebas en las que el aspirante ya debe tocar con cierto nivel,  luego no considero el conservatorio como una fuente de enseñanza primaria. En los conservatorios donde se imparte la asignatura de Guitarra Flamenca hay materias directamente relacionadas con la guitarra, con el Flamenco, y con la música. Es mucho más que aprender a tocar. A final de cuentas lo realmente interesante de esta opción consiste en la obtención de un título que puede abrir puertas de cara a lograr plazas de profesor en conservatorios y centros de enseñanza homologados. Aparte del indudable conocimiento adquirido, es una salida laboral interesante para quien quiera utilizar la guitarra como un arma de trabajo ciertamente cómodo. Bajo mi punto de vista, muy alejado del espíritu del verdadero guitarrista flamenco. Eso sí, un guitarrista que conjugue las dos opciones a la vez estará altamente cualificado.

 

APRENDER CON UN PROFESOR – ACADEMIA

En este caso, y si el sistema elegido por el profesor es adecuado, puede ser una opción válida. Todo en función, lógicamente, del objetivo del alumno como guitarrista. Para aprender sin grandes pretensiones puede resultar interesante, como digo, siempre que haya una buena planificación del profesorado. Estuve impartiendo clases en varias academias durante años y el principal escollo con el que me encontré fue la diversidad de niveles entre los alumnos de cada curso. Hay que tener en cuenta que la rentabilidad de una academia se basa en el número de alumnos por clase. Como estudiante, tiene sus aspectos positivos el hecho de tener cerca a personas que comparten las ganas de aprender a dominar el instrumento, lo que facilita la interacción. Por contra, en ocasiones puede resultar frustrante el hecho de compartir clase (como alumno) con otros que tengan más nivel o adquieran los conocimientos más rápido. Para el profesor es un inconveniente de cara a la buena progresión del grupo. De igual modo sucede cuando se posee más nivel que el resto de la clase porque en este caso el alumno siente que está perdiendo el tiempo. Hay que tener muy en cuenta que la edad de los alumnos de guitarra flamenca es muy variada, y difícilmente hay clases con alumnos de la misma generación, lo que dificulta la progresión. No se absorbe información igual con 15 años que con 40.

 

APRENDER CON UN PROFESOR – PRIVADO

Siempre he manifestado que como un buen profesor no hay nada. La ventaja de las clases individuales es que la clase es 100% para ti. Un maestro particular de guitarra flamenca te hace ganar el tiempo. Es como un entrenador personal. Si partes de cero y el profesor tiene una buena metódica, te sabrá colocar bien los dedos, las manos, y sobre todo, partirás la singladura guitarrística con una base tremenda. Y si ya tocas, deberá corregirte errores y vicios posturales antes que nada. En clase suelo expresar la metáfora del edificio: Un alumno es como un edificio, desde los cimientos hasta el tejado. Se debe tener los cimientos bien sólidos para seguir construyendo hacia arriba. Y si los pilares están torcidos hay que remozar todo antes de continuar. Otra de las ventajas del profesor privado es que te personalizará las clases a las necesidades propias de tu progresión. Ahí es donde te hace ganar el tiempo. Los únicos inconvenientes, que no lo son tal para todos, son el desplazamiento y el económico y. El alumno es quien se debe desplazar, aunque lo mismo sucede cuando se va a una academia. Y una clase particular no cuesta lo mismo que una colectiva, lógicamente, aunque aquí he de matizar algo muy importante: la rentabilidad del coste de clases particulares (con respecto a la progresión del alumno) compensa, en comparación, con el de las clases colectivas que reciba en una academia. No obstante, considero las dos opciones como válidas. Todo depende de las circunstancias del alumno.

 

Ahora bien, la clave está en la elección del profesor de guitarra flamenca. Este apartado merece mención aparte. Hay que tener en cuenta que no todo el mundo está capacitado para ser un maestro. Alguien que busca un profesor puede sentirse deslumbrado por un guitarrista profesional y querer recibir lecciones suyas. Sin embargo, no siempre su nivel didáctico está acorde (nunca mejor dicho) con su faceta profesional. En el Flamenco, esto es bastante común, ya que es un arte que se aprende muchas veces intuitivamente y cuesta mucho “traducirlo” a un lenguaje normalizado cuando se enseña. Por eso es conveniente cercionarse bien antes de decidir por el profesor. Es un error caer en la creencia de que “si me da clases tal guitarrista famoso tocaré como el”... nada más alejado de la realidad. Por ello es importante recabar información antes de otros estudiantes, opiniones dentro del mundo flamenco, o el consejo de alguien de confianza.

 

Básicamente, éstos son los métodos habituales para aprender la Guitarra Flamenca. La circunstancia personal suele marcar la decisión, bien por ubicación, por pretensiones, si simplemente se quiere asomar al Flamenco, o si realmente se quiere tocar como es debido. Lo bueno es que hay opción para todo.

 

Y ahora te pregunto: Si quieres aprender a tocar la guitarra flamenca...

 

  • Tocas algo y te gustaría asomarte para ver sus acordes, ritmos, etc... : Videos online
  • Solamente quieres una aproximación, tocar algo medianamente, sin más: Profesor online, o clases colectivas.
  • Te gusta el Flamenco pero no quieres comprometerte demasiado: Una asociación andaluza, peña o entorno flamenco.
  • Deseas tocar bien, desarrollar tu toque y tener criterio: Profesor privado.
  • Ves la guitarra como una herramienta para vivir cómodamente: Preparación, Conservatorio y plaza de profesor.
  • Esta opción es la más satisfactoria. Si te encanta la guitarra flamenca pero no estás dispuesto a estudiarla ni a sacrificar tu tiempo: Escucha, ve videos, disfruta, se feliz y no te compliques la vida. Eso sí, cuando veas a un amigo que ha ido a clases con un buen profesor y está tocando de maravilla, entonces luego no llores.

 

 

Gracias a tod@s por tanto email de agradecimiento y por tanta aceptación de los artículos del blog. Me motiváis. Si queréis que profundicemos sobre algún tema en concreto, hacédmelo saber y lo desarrollamos.

Martes, 14 Septiembre 2021 10:21

Ensayo mucho pero no avanzo

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ENSAYO MUCHO PERO NO AVANZO

Ésta frase es un clásico entre los comentarios de alumnos. Los guitarristas flamencos parece que tenemos grabado a fuego en la cabeza que “hay que echar más horas que un reloj” para tocar bien. A partir de aquí surge la controversia: ¿Cuántas horas son las adecuadas?, ¿seré un superclase si ensayo el máximo de horas?, ¿podré tener un picado “como Paco” si lo practico 10 horas diarias?, ¿seré un mediocre si ensayo poco?, etc...

Primeramente expondré la metódica adecuada y después los pros y contra. De entrada, lo fundamental es preguntarse lo que realmente deseamos cuando vamos a aprender. Esto es, si queremos ser súper solistas tipo Paco de Lucia, Vicente Amigo o Antonio Rey, especialistas en acompañamiento del cante y/o baile, guitarristas flamencos que conocen todos los Palos Flamencos y se saben desenvolver pero sin altas pretensiones de virtuosismo, o simplemente meros aficionados que tocan todos los estilos flamencos con cierta soltura y que disfrutan con ello. Estas distinciones son un ejemplo, como podría haber otras. Pero, eso sí, hay que ser realistas. Si no se dispone de tiempo suficiente es imposible alcanzar el nivel máximo. Hay que saber ajustarse a la realidad de cada cual.

En todos los niveles, absolutamente en todos, es imprescindible una base técnica. Es imposible tocar, por ejemplo por tangos flamencos, si no se saben colocar los acordes propios del estilo, ni tampoco como cambiar entre ellos, ni mucho menos saber rasguear. Como también fundamental es el conocimiento y dominio del compás, sus acentos, y su carácter. El carácter es importantísimo porque no tiene la misma actitud una Soleá que unos Tientos, por ejemplo. Hasta para llegar a la exigencia más básica de la lista que he expuesto antes hay que pasar por esto. El tiempo mínimo que deberíamos emplear para un nivel básico considero que sería de una hora diaria. Al menos de entrada. Lógicamente, a medida que la exigencia va siendo superior, el tiempo de estudio debe crecer proporcionalmente.

Las ventajas de ensayar mucho tiempo son muchas si, lógicamente, se estudia con criterio. Esto es, con una cierta metódica. Hay que destinar una fase inicial al calentamiento, para proseguir con técnica, continuar con el estudio y práctica del material que estemos tratando en ese momento, para luego acabar con la práctica de todo lo ya asimilado. Esta es mi metódica, como entiendo puede haber muchas más.

Quiero enfatizar, una vez más, en el asunto de la técnica. No hay que obsesionarse con ello. La técnica es fundamental aprenderla correctamente, y tenerla bien interiorizada, para luego olvidarse de ella. Todo en su momento. De entrada hay que ser muy estudiosos, a veces casi obsesivos, pero luego no hay que ser esclavos de ella. Hay que soltarla para poder progresar. Esto es muy importante. Siempre pongo como ejemplo el niño que apenas se mantiene en pie, poco a poco va progresando, da un paso, luego dos, anda apoyándose, consigue el equilibrio, y finalmente consigue andar. Ni hablo ya de cuando luego ya va corriendo. En el momento echa a andar, ya no es necesario que vuelva a las fases previas (sujetarse, mantener el equilibrio, etc.) simplemente se pone a andar de por vida. Con la técnica en la guitarra sucede lo mismo.

Otra de las ventajas de haber aprendido correctamente los fundamentos técnicos básicos es que después con solo calentar ya se debe tener a punto toda la gama de arpegios, picados, alzapúas, trémolos, etc. Lo contrario es un constante camino de ida y vuelta que lleva a pérdida de mucho tiempo.

Ahora bien, estamos hablando de Flamenco. Hay que conocer los cantes, saber acompañarlo, distinguir entre sus distintas versiones, escuchar mucho y, sobre todo, estar muy cerca de buenos aficionados (“enterados” y “flamencólicos” nó!). Esto es más importante que matarse echando horas con la guitarra. El conocimiento de lo que es el Flamenco lo es todo. Aunque habría que matizar acerca de las fuentes adecuadas para absorber Flamenco. Esto merecería capítulo aparte.

¿Cómo deberíamos estudiar? Lo ideal es hacerlo con constancia. De nada sirve tocar la guitarra diez horas un día y luego no cogerla en varios. Las manos no son un contador de horas. Todos los días hay que tocar porque la guitarra es un instrumento muy ingrato, es muy celosa y no te permite que le dediques tu tiempo a otras cosas. Quiere ser tu protagonista siempre. Si no podemos tocar mucho tiempo un día es conveniente tocarla, aunque sea un rato corto, media hora, una hora, lo que sea, pero que ella no se enfade. Esta metáfora seguro que todo guitarrista la tiene bien clara. Está claro que la vida aprieta en ocasiones y no siempre se dispone del tiempo necesario para tocar. Por ello es conveniente que al principio, cuando se dan los primeros pasos con la guitarra, sepamos que vamos a disponer del máximo tiempo posible para asentar la técnica. A partir de ahí todo es más flexible pero, eso sí, hay que seguir con la norma del ensayo diario.

Existen aspectos negativos acerca del concepto de estudiar muchas horas. Hago hincapié en dos importantes. Uno por exceso y otro por defecto. Comenzaré por el segundo:

NO ENSAYAR EL TIEMPO QUE DEBERIA

Siempre digo que la guitarra debe estar en nuestra vida para hacernos feliz, y no para amargarnos. Si no la estudiamos durante el tiempo que deberíamos seguro que es por algún motivo. Lo más probable será porque tenemos otro tipo de prioridades en nuestro presente. Si es así, ¿por qué tenemos ese sentimiento de culpabilidad al no poder ensayar lo que quisiéramos? Nuestro tiempo es el que es, y no hay que darle más vueltas. En ese caso lo que debemos es ajustar nuestras pretensiones de aprendizaje y no aspirar a más de lo que no podemos. Así de sencillo. Y fuera frustraciones, preocupaciones y a empezar a disfrutar. Se toca lo que se puede, se acepta, y a ser feliz.

ENSAYO MUCHAS HORAS AL DÍA

Esto tiene también sus desventajas. La primera es que podemos sufrir algo similar a lo que los culturistas llaman “vigorexia”, vamos, que por mucho que ensayemos siempre nos parece poco. Es otro tipo de perjuicio, y severo en casos. La constante sensación de necesitar más y más horas de ensayo no es más que consecuencia de algún tipo de problema emocional que hay que arreglar. El sobre ensayo puede repercutir también en algo más que preocupante: las lesiones y sobre todo la Distonía Focal. Las lesiones pueden curarse yendo a un fisioterapeuta (y si es especializado en músicos, mucho mejor) pero la distonía focal es una enfermedad neurológica donde un dedo (o varios) desobedecen las órdenes de la mente cuando ésta da la orden a los dedos de pulsar contra las cuerdas. Esto se produce al haber estado sometiendo los dedos a una tensión (física y psicológica) durante años, llevándolos a un estado de saturación tal, que al final el dedo no responde, se rebela y queda bloqueado. Es como si se perdiera el wifi entre la mente y el dedo. Lo he vivido muy de cerca (afortunadamente no me ha sucedido a mi) y es grave porque genera una gran frustración. Puede ser el punto final para la vida de un músico si no se consigue tratar adecuadamente.

Otro hándicap a la hora de practicar mucho y no avanzar es el hacerlo mal. Me explico. Si hacemos la práctica, por ejemplo, de una falseta mal aprendida y la repetimos muchas veces hasta la saciedad, jamás estaremos avanzando hacia la buena ejecución. Al contrario. Lo que estamos haciendo es magnificar el error. Hay que detenerse y observar el motivo del fallo. Puede ser una digitación incorrecta, una acentuación inadecuada, o que entramos en un punto inexacto del compás, por poner algún ejemplo. A partir de ahí, si detectamos el error y lo corregimos, deberá ser sencillo poderla ejecutar correctamente.

Por todo esto, y a modo de resumen, mi principal consejo es que debemos dedicarle al estudio de la guitarra el tiempo necesario, con constancia, y siempre ajustándonos a nuestras pretensiones, en función del tiempo que dispongamos para ello. No tratar de forzar dejando de lado otros aspectos fundamentales en nuestra vida. Y si tenemos tiempo, afición, ganas e ilusión, por supuesto que a tope con ello. Pero con cabeza, un buen maestro (o varios, pero buenos), y una buena planificación, limpiando lo que esté mal aprendido, tocando progresivamente y disfrutando en vez de sufriendo.

Ahora bien, te pregunto si crees que le dedicas a la guitarra el tiempo que realmente deberías.

¿O tal vez deberías dedicarle más pero te dedicas a hacer el vago aun teniendo tiempo? Eso es que no te gusta lo suficiente.

¿O quizás tocas el tiempo que dispones por completo, y tu mente sigue después con la guitarra?  Te lleva la pasión.

¿Igual no tienes casi tiempo pero te tiras tocando ese rato libre después de cenar? Eso es afición por la guitarra.

¿Tocas siempre que te apetece y no sientes necesidad de más? Tienes un buen equilibrio.

¿Tocas muchas horas y todo te parece poco? Deberías hacértelo mirar... Aunque también ese punto de pasión no te falta. Espero que sea por afición y no por deporte.

¿Tocas varias horas y no progresas? Necesitas un buen profesor, alguien que te guíe.

La guitarra no sólo es practicar mucho tiempo cada día. Es vivir la guitarra a cada instante, aunque no las estés tocando. Es escuchar mucho. Es querer abrazarla y sentir como vibra su fondo en tu pecho. Es tenerla en la cabeza y tocar mentalmente durante todo el día, durante prácticamente toda tu vida. Es sentir que forma parte de ti. Es sentirse absorto mientras los demás hablan de lo que sea y tú estás en tu mundo. Es sentir empatía inmediata cuando conoces a otro guitarrista. Eso si que es “echar horas”...

Martes, 31 Agosto 2021 12:13

Quiero ser guitarrista

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“QUIERO SER GUITARRISTA FLAMENCO”

Esta frase me recuerda aquella famosa de Concha Velasco de “mamá quiero ser artista”, pues algo así. La vida profesional del guitarrista flamenco es, como muchas, una carrera de fondo y no siempre está todo el mundo dispuesto a seguir los pasos necesarios para llegar.

He tenido alumnos que nada más sacar sonido a cuatro notas comienzan a fantasear con la idea de hacerse guitarristas flamencos sin más supervisión que su propia ensoñación. No digo que sea malo, más bien al contrario. Hasta incluso esa motivación les lleva a estudiar mucho. No obstante ese tipo de decisiones prematuras pueden conllevar una inadecuada progresión en muchos casos.

Y aquí tenemos el capítulo siguiente al de “Las prisas”. Al igual que sucede con el aprendizaje, el alumno contempla a profesionales de la guitarra en un entorno próximo y cree que puede serlo del mismo modo, sin pararse previamente a observar la realidad y, sobre todo, cual ha sido la verdadera progresión de esas personas. Solo contemplan el pico del iceberg.

He vivido casos de alumnos que han –literalmente- partido sus vidas por ser profesionales sin tener el nivel de exigencia mínimo, tomándoselo como si de un juego se tratara, o como si fueran a obtener una supuesta titulación académica en la universidad. Esto es peligroso sobre todo para ellos mismos. La guitarra flamenca no es eso, la guitarra flamenca es muy difícil, mucho, y harto complicada por el exceso de exigencia del propio mundo flamenco, entre otras mil cosas.

La experiencia ajena observada indica que el alumno con este perfil comienza por engañarse a sí mismo y prosigue tratando de engañar a los demás. Eso no es la honestidad que hablamos en capítulos anteriores. No es sano. Todos los que optan por este camino han acabado lejos de su pretensión inicial, tocando otras músicas con menor exigencia, generando formaciones acordes a su bajo nivel, imitando a verdaderos profesionales, pegándose a rueda de otros artistas dando una imagen patética para los entendidos, o lo que es peor, abandonando el instrumento con diversas excusas generadas por su propio Señor Ego. Al final siempre es lo mismo. Todos esos caminos no son más que parches generados por la incapacidad. Pero lo triste bajo mi punto de vista es que esas personas eran perfectamente válidas para cumplir su objetivo. El problema surgió cuando quisieron saltarse escalones dentro de su progresión. Y ahí es donde entran factores psicológicos que impulsan al alumno, por ejemplo, a querer demostrar cosas antes de tiempo, a mostrar inadecuadas actitudes de falsas superaciones de problemas, o sobre todo el intentar llegar a actuar por medio de atajos sin tener nivel. Esto no es así.

La Guitarra Flamenca (si, con mayúsculas) es mucho más que eso. Imagino que como con cualquier otro instrumento. Libramos constantemente una pugna contra ese jurado flamenco que uno lleva dentro y a pesar de ello hay que tocar con la libertad que te da la confianza en lo que haces, a sabiendas que es correcto, y sin tratar de engañar a nadie. Puedes fallar en la ejecución o no, pero jamás en el sentimiento, en la esencia. Al final todo se resume en sentir.

El verdadero camino tiene sus fases. Hay que comenzar desde la iniciación más puramente básica como es el conocimiento del instrumento, con sus “rutas” tonales, escalas y redes armónicas, así como el dominio de la técnica flamenca, todo ello combinado con el dominio del compás de los diferentes estilos o “Palos flamencos”. A continuación, y ya desde un punto donde se comienza a dominar todo ello, viene la fase más interesante que consiste en poner a prueba el trabajo inicial, acompañando sobre todo al cante, para progresivamente ir haciéndolo con el baile. Pero si no se acompaña debidamente al cante, si no se conocen los Palos flamencos y sus variantes, si no se entiende de las estructuras de cada “tercio” es imposible tocar bien “diciendo” flamenco. Siempre sonará raro. Se puede tratar de emular, pero a ojos del entendido, un guitarrista que no domine el arte del acompañamiento siempre tendrá carencias (sonará a “guiri”). Una vez se interioriza el acompañamiento al cante surge el baile con su propio lenguaje. Pero con la base del cante todo es más sencillo luego.

 Es comprensible que un aficionado a la Guitarra Flamenca se asombre al contemplar las exquisiteces de un guitarrista profesional y quiera emularlo. Lo que no se ve (la parte sumergida del iceberg) es el bagaje que tiene ese músico para poder expresar de ese modo. Tengo alumnos que me dicen, por ejemplo, que les resulta muy interesante tocar falsetas de Moraíto porque son fáciles y no hace falta esforzarse. Nada más alejado de la realidad porque para expresar como Moraíto hay que “mamar” el compás como todo hijo de vecino en Jerez, estar “pasado de compás”, y tocar con esa gracia natural que solo él poseía. Esto es tan solo un pequeño ejemplo, pero me parece más que extrapolable a todo lo demás en la Guitarra Flamenca.

Y ahora te pregunto...

¿Para ti es la cima actuar por encima de todo, aunque sepas que no das la talla? Actuar es un medio. Dar la talla es parte del buen camino.

Qué amas más... ¿El reconocimiento del entendido, del entorno, o el conocimiento suficiente para saber que estás haciendo bien tu trabajo? 

¿Sientes lo que tocas, o tocas lo que sientes?

¿Buscas el aplauso para sentirte alguien, o sabes que estás en el camino y el aplauso es secundario?

¿Quieres escalar sin cuerdas, o prefieres aprender antes a escalar?

Te recuerdo que la guitarra tiene seis cuerdas e infinidad de escalas que aprender.

 

Dice el refrán... “Hay quien toca lo que sabe, y también quien sabe lo que toca”.

Martes, 17 Agosto 2021 12:09

Las prisas

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LAS PRISAS

Vivimos en el mundo de la inmediatez. La tecnología nos lo pone fácil. Al final nos acostumbramos y la mente quiere que todo se produzca a la misma velocidad. Ya tenemos aquí a las protagonistas de este post: las prisas. Pero hay placeres que se cocinan a fuego lento. Esos son los buenos (...). El Flamenco es pasión, una pasión que contagia sobre todo a los estudiantes de guitarra. El problema está en uno de los efectos secundarios de una pasión mal gestionada: Nuestras amigas “las prisas”. Eh aquí el enemigo número uno del guitarrista flamenco:

¿Cuántos alumnos con un potencial enorme han visto truncada su progresión por querer resultados rápidos?, ¿Cuántos alumnos han perdido mucho tiempo teniendo que “volver atrás” en sus programas de evolución al saltarse pasos por desear llegar antes a tocar? La respuesta es: muchos. Y hasta cierto punto es comprensible. El alumno tiene muy cerca el Flamenco. Bien por su entorno familiar, por su afición, por la red, por amistades, el estudiante ve a un metro suyo como se ejecutan Palos flamencos con una naturalidad que su mente comprende a la perfección en muchos casos. 

Pero claro, llega el momento en el que el profesor le enseña, por ejemplo, a tocar por Tangos. El alumno esboza a trompicones el ritmo. Hasta ahí bien. Pero en ese momento aparece el Señor Ego que le dice al alumno que “ya tocas por Tangos”, cuando realmente no es así. Entonces viene cuando el aspirante a guitarrista flamenco empieza a tocar a una velocidad por encima de su nivel, no coloca bien los acordes, le suenan mal las cejillas, ejecuta incorrectamente rasgueos, golpes, bajadas de pulgar… pero no importa: ¡Está tocando por Tangos! Llegado este punto, comienza el problema. Y es aquí donde el profesor debe hacerle ver al Señor Ego del alumno que todavía no está tocando por Tangos. Está aprendiendo. 

Esto, contado a modo de pequeño cuento, es una realidad que sucede en el 90% de los casos. Tan solo es un ejemplo, extrapolable a muchos más. Cuántos alumnos he tenido intentando tocar el fragmento que les voy a enseñar ¡antes de que se lo enseñe! Es increíble. Y siempre fallan, es lógico que se equivoquen porque todavía no lo han aprendido.

El problema surge cuando estas ansias se extienden a toda la forma de tocar, y sobre todo de pensar, del alumno. Ahí se corta la progresión. El alumno ve fuegos artificiales con el primer destello y empieza a querer ser pirotécnico ya.

VÍSTEME DESPACIO QUE TENGO PRISA

¿Quieres aprender a tocar bien la Guitarra Flamenca? Ármate de paciencia, por muchas ansias que tengas. Ve paso a paso. No intentes tocar por buleria el primer día. Entiende que tus manos necesitan un periodo de adaptación al instrumento, tus dedos deben aprender a caminar sobre el diapasón, a atacar sobre las cuerdas, y sobre todo tu cabeza necesita un aprendizaje extra para poner todo en su sitio. Necesitará saber enviar nuevas órdenes a unas manos inexpertas en sincronización, luego en compás, expresión, sonido, etc. ¿Acaso hemos visto alguna vez a un bebé levantarse de la cuna y ponerse a correr los 100 metros lisos? La fórmula es bien sencilla: paciencia, humildad y un buen maestro.

¿Y porque he citado la humildad? Es bastante común el perfil del alumno que viene a clase queriendo perfeccionar su toque. Tiene un nivel medio-bajo. Esboza ritmos con cierta destreza, ejecuta falsetas de modo ligeramente incorrecto, pero quiere mejorar ya que es consciente de que algo le falta. Hasta ahí es todo lógico. Pero al recibir la clase de perfeccionamiento suele suceder con bastante frecuencia que nos encontramos con un enemigo invisible que les impide avanzar: la falta de humildad. Y aquí quiero matizar bien porque es difícil de explicar. El alumno con este perfil no es que sea un engreído, ni mucho menos. En realidad él es víctima. Muchos ya han hecho alguna actuación pública, o han sido jaleados en su entorno. Esto es peligroso para el alumno si no sabe posicionarse de nuevo en modo estudiante. Cuesta hacerlo, y lo entiendo. Si se consigue “bajar” al modo “aprendiz” es cuando la progresión se da. En caso contrario la situación puede generar el estado de frustración.

Como anécdota, o reseña acerca de este tema contaré que en ocasiones he estado compartiendo música en veladas, camerinos, o viajes con guitarristas de primer nivel, y lo que más me ha asombrado ha sido su enorme humildad. Mis ojos han presenciado como parecía un crío de diez años un enorme guitarrista que ha puesto de pie a teatros enteros, poniendo los dedos igual que un principiante mientras aprendía una secuencia de acordes, sin rubores, sin importarle que alguien viera que se equivocaba al poner un dedo mal. En este otro ejemplo sí que daré nombres, porque es amigo de la infancia: Hicimos una grabación para una buleria de un disco de El Pety y producción contactó con Javier Latorre para que pusiera los pies sobre una música. Javier llegó al estudio, pidió al técnico la repetición constante del trozo donde debía hacer su taconeo, lo escuchó mucho en silencio, y me quedé asombrado de como desmenuzaba la falseta en su mente, para más tarde crear lentamente –paso a paso- su zapateado y el remate final. Lo hacía como si fuera un estudiante de baile, despacio, viendo como encajaba todo. En ese momento también volví a ver al niño de diez años. Le dijo al técnico que ya lo tenía. Se puso los auriculares, comenzó a bailar sobre la música y quedó sublime ¡A la primera! El ejemplo de Javier Latorre es bastante significativo, ya que es un artista reconocido, con muchísima personalidad y carácter, y verle en esa actitud de “aprendiz” me dejó muy sorprendido. Con ello quiero constatar con ejemplos la característica común de los grandes artistas: la humildad para asimilar conceptos. Esto es muy grande y me hizo reflexionar acerca de la grandeza de la humildad. Por eso quiero compartirlo.

La paciencia ayuda, y mucho. El estudiante paciente será capaz de evolucionar sus técnicas hasta el límite que su naturaleza le imponga si lo hace progresivamente. Si analizamos la progresión de un picado, por ejemplo, debemos partir del aspecto más puramente físico que es la colocación de la mano, el ataque a las cuerdas de cada dedo y la sincronía entre pulsaciones. Es como una coreografía. Ahora bien, si esa mano no tiene la agilidad ni musculatura mínima y se empieza tocando a mayor velocidad de lo pertinente estamos abocados irremediablemente a vicios posturales con las consecuentes lesiones futuras (y ni hablo ya de las roturas de uñas). Ahora bien, si se parte de una colocación adecuada, con ataques progresivos a cuerdas, de menos a más (en intensidad y velocidad) la mano se va fijando automáticamente a esa posición y poco a poco se va formando la musculatura adecuada al nivel de progresión del alumno. Se genera el automatismo y ya no será necesario nunca más trabajar ello porque la mente, las manos y los dedos lo han interiorizado. A partir de aquí la práctica con metrónomo dará fácilmente alas a la ejecución con ejercicios, falsetas, escalas, etc.

Toda la bibliografía sobre las lecciones que recibió Paco de Lucía sobre su aprendizaje (Poren, Juan José Téllez, y artículos de prensa) coincide en el método de Antonio Sánchez Pecino –su padre- de enseñanza. La premisa fundamental de su aprendizaje fue el fundamento técnico y colocación. Paco de Lucía ya conocía el Flamenco antes de tocar, pero su padre no le permitió ejecutar nada hasta que no lo trabajara bien. Imagino a Paco de Lucía muerto de ganas por tocar por bulerías y a su padre corrigiéndole la colocación de la mano derecha, por ejemplo. En el fondo igual lo que le estaba corrigiendo era la gestión de las prisas.

En este artículo me he centrado en la concienciación de la negatividad de las prisas en el aprendizaje y su importancia en la progresión técnica. Ahora bien, la técnica es clave para dar los primeros pasos en la guitarra para luego, una vez interiorizada, olvidarse de ella. Este concepto debe quedar bien claro porque luego, donde termina la técnica... comienza el arte.

Y tú, ¿cómo vas de prisas?

¿Quieres tocar por bulerías en dos días?

¿O acaso quieres tocar bien y que te suene bien flamenca tu guitarra?

 

P/D: Muchas gracias a todas las personas que me estáis contestando por email dándome vuestra opinión sobre los artículos del blog. Estoy muy sorprendido por la gran cantidad de correos que voy recibiendo, y más todavía por la aceptación que está teniendo. No pretendo más que aportar mis conocimientos y experiencia en materia docente del modo más práctico posible.

Mis sinceros agradecimientos.

Martes, 13 Julio 2021 09:04

Las lesiones, pulsación y cuerdas.

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LAS LESIONES

Siempre que veo a un músico, ya sea guitarrista o no, lo primero que pienso es en la cantidad de vida que se ha dejado esa persona con su instrumento. Es inevitable. A la vez que también pienso en la cantidad de lesiones que seguro ha padecido y seguramente seguirá padeciendo, hasta inclusive las que tendrá de modo crónico. Es uno de los sinos del músico.

El principal talón de Aquiles del guitarrista es la espalda, pero no el único. También las articulaciones, brazos, manos y piernas. Hernias discales, nervios ciáticos, sobrecargas musculares y esguinces es lo más frecuente. Capítulo aparte merece la Distonía focal, que es más bien un problema neurológico, donde los dedos se nos “rebelan” bloqueando la orden que le da nuestra mente para ejecutar un movimiento, quedándose rígidos.

Por ello incido mucho en una buena colocación temprana: una buena postura del cuerpo, brazos, antebrazos, muñeca, manos y dedos. Sobre esa base se debe iniciar el aprendizaje, y toda ejecución debe estar supeditada a una buena colocación. A continuación está la “postura emocional”, esto es, la actitud con la que tocamos: si lo hacemos forzando lo único que conseguiremos es una ejecución antinatural y futuras lesiones; pero si nuestra actitud es relajada será todo lo contrario. Claro, todo esto hay que trabajarlo desde el principio. Por ello es conveniente una aceptación del nivel que tenemos en ese momento y no tratar de saltarnos procesos. Hay que entender que las manos, sobre todo los dedos, van a tener que ser sometidos a unos nuevos movimientos donde van a entrar en acción nuevas ejecuciones que van a necesitar ser musculadas desde cero. Todas estas nuevas ejecuciones deben tener una progresión paulatina hasta lograr formar parte del repertorio de movimientos automatizados.

Nos preguntaremos que son los automatismos, lógicamente. Esto es importante entenderlo. Cuando un movimiento se repite adecuadamente durante 300 veces, pasa de ser un movimiento ordenado por la mente a ser un movimiento automático. Me explico: si queremos coger un vaso de una mesa nuestro cuerpo acerca el brazo, lo extiende, abre la mano, hace la pinza entre pulgar y el resto de dedos y coge el vaso. En realidad la orden que nuestra mente ha dado a nuestro cuerpo es “coge el vaso”, y nuestro brazo ha hecho automáticamente el resto de movimientos. Con la guitarra sucede igual. Queremos hacer un rasgueo, que acabe con golpeo en tapa y luego subamos el índice. No tenemos más que ordenarlo a la mano y ella lo hace sin pensar en los sub-movimientos que implica. Pero claro, antes hay que trabajar bien el flujo de información de la mente a los dedos para que éstos lo ejecuten limpiamente de modo automático. Es tan solo un ejemplo. Repito: clave el aspecto postural y emocional.

En realidad, todo esto no es más que un reflejo de la vida misma. Cuando forzamos una relación presionando (consciente o inconscientemente) la actitud de otra persona, puede que funcione durante un tiempo pero tarde o temprano el equilibrio se quiebra. Pues la relación instrumento-músico no deja de ser lo mismo, salvo que aquí las desavenencias se traducen en lesiones. Es conveniente establecer desde el principio un trato recíproco entre los dos. El guitarrista debe comprender la física de su instrumento, tanto  sus tensiones, como su preciso punto de sonoridad para cada timbre, hasta conocer los peligros derivados del clima.

LA PULSACIÓN

Es de suma  importancia que cada guitarrista consiga llegar al punto óptimo de pulsación. Conseguirlo es encontrar el punto de equilibrio entre la fuerza, tensión y colocación de mano derecha del guitarrista al pulsar las cuerdas. Ni muy flojo, ni muy fuerte. Donde la guitarra te devuelve su sonido sin ahogarla, ni tampoco por debajo de su sonido. Con una pulsación en la que el guitarrista se sienta cómodo y ejecute sonidos de modo natural no solo se optimiza el sonido sino también es garantía de una buena salud anti lesiones. Y como consecuencia, también evitamos tensiones emocionales. El intérprete que tiene automatizada su pulsación no necesita forzar para conseguir nada porque su pulsación es su lenguaje. Y bueno, aquí entrarían en acción factores psicológicos que merecerían capítulo aparte, pero lo resumo en una frase: “Somos como tocamos y no podemos tocar como no somos”. 

Otro aspecto a tener en cuenta dentro de la pulsación es la elección adecuada del juego de cuerdas que le vamos a poner a nuestra guitarra.

LAS CUERDAS

A veces creemos que usando la misma marca de cuerdas que usa cierto guitarrista importante vamos a tocar igual: ERROR. Por eso es conveniente ir aprendiendo a tener criterio. 

Antes que nada, y dejando siempre de lado las marcas, hay que dejar claro que cada fabricante tiene (o al menos debe tener) tres tipos de cuerdas de cada modelo por su tensión: fuerte, media, y blanda. A su vez, también hay que saber que las guitarras se construyen también con varios tipos de tensión (no confundir con la altura del hueso del puente). Y luego, por supuesto, está nuestra pulsación. El tipo de tensión de las cuerdas es lo da el toque final al equilibrio entre guitarra y guitarrista en materia de pulsación.

Voy a poner un ejemplo. Si tenemos una guitarra que ya de por sí es dura, y nuestra pulsación es normal, lo que equilibraría todo sería un juego de cuerdas de tensión blanda. La jugada consiste en buscar el punto intermedio.

Y con respecto a la marca de cuerdas, aquí no voy a entrar en el juego de marcas pero sí que al menos puedo explicar varios conceptos. De entrada, es un tema muy susceptible de difícil normalización. Mi consejo es ir probando hasta que se encuentre el juego que mejor se adapte a los gustos del guitarrista. Varios aspectos a tener en cuenta:

Homogeneidad: En un juego de cuerdas homogéneo no hay cuerda que destaque sobre las demás. Sus calibres son adecuados para que no haya saltos entre primas y bordones. Mantienen bien la afinación en todo el juego. Suelen ser más longevos y mantienen la afinación.

Longevidad: Normalmente se tiene más en cuenta en los bordones que en las primas. Hay juegos de cuerdas que nos deslumbran nada más ponerlos pero al poco tiempo se apagan. Sin embargo hay otros que no son tan espectaculares de entrada pero que mantienen su brillo durante más tiempo.

Afinación: Aquí depende mucho un buen calibrado del fabricante. Si el calibre se mantiene bien después de poner las cuerdas es muy probable que afinen bien siempre las cuerdas. De todas formas me he encontrado con algún que otro juego con grandes problemas a la hora de afinar pasados unos días.

Timbre: Aquí entra mucho en juego el material de la cuerda. Las hay de carbono, u otros componentes diferentes al habitual nylon de siempre. Así como el calibre, que consigue una notable variación en el tono en función del grosor.

Estabilidad: He aquí el talón de Aquiles de más de un fabricante, donde la 4ª (hasta incluso la 5ª) se rompe con suma facilidad. Entre guitarristas, son marcas que sabemos de ese problema y difícilmente las compramos.

Tacto: Esto es fundamental. Una cuerda con un tacto áspero suele ser bastante desagradable. Sin embargo una cuerda bien pulida hace que el dedo pulse con más sensibilidad y convierta en atractiva su pulsación.

Me he puesto a escribir sobre cuerdas y me he salido del guion. Pero es que todo lo relativo a la guitarra es que me fascina. Escribo y no paro. Espero no haberme lesionado con tanta explicación, que era el motivo de éste artículo. Pero es que tiene mucha conexión el tema de las lesiones con la pulsación, y para explicar la pulsación era necesario hablar de las tensiones del encordado. Digamos que hemos hecho un 3x1.

Y ahora llega el momento de las reflexiones finales:

¿Te has lesionado alguna vez por tu forma de tocar?

¿Conoces a alguien que se haya lesionado?

¿Qué juego de cuerdas usas, y por qué?

La reflexión es un buen camino para mejorar.

Martes, 06 Julio 2021 08:56

Como ensayar

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COMO ENSAYAR

Llega el momento guitarra ¡Qué bien! Nos sentamos, abrazamos a ella y comenzamos a emborracharnos de su sonido. Vamos de un lado para otro tocando acordes, melodías y pequeños fraseos. Empieza el encantamiento. Nuestra mente comienza a soñar despierta y nos tiramos un buen rato así. Pasado un rato miramos el reloj y nos damos cuenta que sus agujas han volando mientras nosotros hemos estado trasteando. Nos da la sensación de haber malgastado esa hora. Luego nos preguntamos si hemos hecho lo adecuado porque queríamos mejorar nuestro arpegio (por ejemplo) pero nos hemos quedado embobados tocando. Conclusión: hemos perdido el tiempo...

Últimamente cada vez parece que tenemos menos espacio para estudiar la guitarra, a la vez que no todo el mundo disponemos del que desearíamos. Por eso es conveniente optimizar el tiempo de estudio de la mejor manera posible. Aquí juega un factor importante la concentración. Siempre lo digo: “una hora de estudio concentrado vale más que tres horas tocando de modo disperso”. Una buena planificación es fundamental.

Hoy en día tenemos bastantes “enemigos” que nos impiden un correcto estudio. Por ello, antes de estudiar guitarra deberíamos dejar de lado o desconectar todo lo que nos pueda descentrar. A partir de ahí es clave una buena programación, distribuyendo el tiempo entre calentamiento, técnica, asimilación de las nuevas materias, ejecución de las recientemente asimiladas, y práctica de canciones.

Como norma general lo primero debe ser contar con una banqueta o silla específica para el estudio, con la altura adecuada para que la pierna izquierda haga un ángulo de 90 grados teniendo como vértice la rodilla al apoyar el pie. Para la guitarra flamenca podemos apoyar el pie derecho en un reposapiés, o cualquier accesorio que levante el instrumento. Lo importante es que la espalda esté lo más recta posible. Y sobre los accesorios para el estudio, fundamental el uso del metrónomo, así como un espejo para observar la debida colocación de manos. Siempre hay que limar bien las uñas antes de comenzar para evitar desgarros o micro roturas. 

Tener un buen plan de estudio lo es todo, tanto, como saber cual es el objetivo. No es lo mismo un estudio para mejorar el arpegio que para dominar un tema entero, ni para “entrar a compás” unas variaciones, que otro para aprender una canción nueva. Propongo el siguiente plan, de resultados contrastados.

Este sería el óptimo para un estudio/práctica de una hora:

Físico (5 minutos)

Con una buena metódica, comenzaríamos haciendo breves estiramientos de espalda, brazo, muñeca y dedos. Esto es fundamental porque la concentración en hacerlo ya nos va despejando la mente de pensamientos y rutinas del día, para ir entrando en “modo guitarra”. Por supuesto es ideal para la tonificación de las manos. No es necesario emplear más de cinco minutos en esto. Con un ejercicio de cada es suficiente. Trato de explicarlos brevemente:

  • Espalda: De pie, juntamos las manos y estiramos hacia arriba lo máximo posible con las palmas hacia arriba, como queriendo alcanzar el techo. Notaremos como al estirar los brazos, también se estira la zona lumbar. A continuación, bajamos los brazos, flexionamos un poco las rodillas y colocamos las manos detrás de ellas (seguimos de pie) y nos doblamos hacia abajo como si quisiéramos alcanzar las rodillas con la cabeza. 
  • Brazos y muñecas: Extendemos hacia adelante un brazo con la palma de la mano hacia arriba. Ahora tenemos que doblar la mano hacia abajo, con la ayuda de la otra mano. Esto lo hacemos lógicamente con los dos brazos.
  • Calentamiento de manos: Extendemos los brazos hacia adelante, como si fuéramos a escribir a máquina. Hacemos movimientos hacia arriba y hacia abajo con las manos, dejándolas totalmente relajadas.
  • Dedos: Estirarlos uno a uno con la otra mano.

Guitarra. Calentamiento (5 minutos)

Debemos mentalizarnos que hay que ir de menos a más. Lo primero siempre sería ir despertando los dedos con pequeños ejercicios básicos de técnica en picado, arpegios, trémolo, pulgar y rasgueos. Recomiendo encarecidamente hacerlo con metrónomo. La clave está en estos dos aspectos:

  • Velocidad: Comenzar con tempos lentos, para luego ir a más.
  • Fuerza: Hay que empezar muy suave, aunque parezca raro, e ir progresivamente subiendo de intensidad. Con esto conseguiremos llegar a nuestro punto óptimo de pulsación.

Guitarra. Estudio (15 minutos)

Llegados a este tercer punto estaremos listos para estudiarnos, comprender, aprender y tratar de dominar las materias aprendidas recientemente. Sobre este apartado debo explicar que para poder pasar una falseta, por ejemplo, de fase “la tengo recién aprendida” a la de “la toco de modo natural” es conveniente saber que hay que entender primero lo que se va a aprender, escucharlo varias veces (todo esto sin tocar la guitarra, solamente escuchando), saber dónde están los acentos, hasta incluso “cantarla” un poco. Esto favorece mucho aprenderlo bien. A continuación ya podemos ir –poco a poco- digitando. Un buen aprendizaje de un pasaje es garantía de dominio de por vida. Las músicas y sus digitaciones se quedan grabadas en la memoria muscular de un modo sorprendente. Por eso es conveniente aprender todo sin prisa, haciéndolo correctamente. Ya se tocará sobradamente con el tiempo. Tengo la experiencia de muchos alumnos que quieren tocar lo que les enseño de modo automático, rápidamente, como si una vez supieran donde van los dedos quisieran tocarlo como yo. Es un grave error porque nunca avanzarán y siempre lo tocarán como el primer día. El ejemplo más claro sucede con el comienzo del fraseo de Entre dos aguas. Siempre pasa lo mismo, el alumno lo aprende y automáticamente quiere tocarlo a la velocidad del disco, lo repite y acaba atascándose. Me resulta gracioso. Pero a la vez lo comprendo (todos somos unos soñadores en el fondo). Interpretar ese pasaje es algo así como tocar el cielo durante unos compases.

Guitarra. Práctica (35 minutos)

Mi consejo es dejar un espacio de tiempo entre el estudio y la práctica. Un café, levantarse un rato y volver para practicar composiciones. Se cierra la puerta de una parte del cerebro, y se abre otra donde se conjuga la mente, el corazón y las manos. Metrónomo, bases de compás y a practicar. Si el tema no lo tenemos todavía dominado al 100% recomiendo bajar la velocidad para que sea asimilado mejor.  Aconsejo tres repeticiones por composición, cada una a un tempo diferente. Con el paso de los días, podremos ir bajando las repeticiones a medida que el automatismo sea mayor. Este método es infalible. Lo aprendí con quince años por medio de un guitarrista italiano que tocaba diabólicamente. Mi primera práctica con éste sistema fue con las Zardas de Monty, en la versión que hizo Paco de Lucía. Los resultados fueron sorprendentes. Recuerdo que aquel músico me dijo que tuviera paciencia, que aunque viera que volara no sobrepasara el tempo y que cada día lo haría más rápido. Imaginaos, con esa edad creía tener la lámpara mágica de Aladino. Luego lo he aplicado de por vida a todo y es algo que tengo automatizado. La clave es el tempo en las prácticas: primera vez lento, segunda medio, tercera más ligero. Al día siguiente comenzamos con la velocidad media del día anterior, y así progresivamente. Ya me direís...

Resumo entonces la práctica diaria en tres aspectos: el físico (5 minutos +/-), el técnico (20 minutos +/-) y el del sentimiento (35 minutos +/-). Si lo conjugamos bien tenemos la fórmula.

 

Hay que tener en cuenta que éste plan de estudio sería el adecuado para un guitarrista de perfil medio, esto es, que está entre el principiante y el avanzado. Cada nivel exige un planteamiento diferente en función de su nivel y, sobre todo, el tiempo que disponga.

Y sobre consideraciones a la hora del estudio, hago incidencia en la velocidad. Es importante no saturarse con la velocidad porque corremos el riesgo de rotura de uñas y, lo peor, sobrecargas físicas (manos, muñecas y espalda). La velocidad es un plus que añadimos a la interpretación para mostrar un virtuosismo que tiene muchas veces un alto coste. Hay que saberlo gestionar bien porque no siempre vale la pena. Observo a muchos guitarristas que invierten mucho tiempo y esfuerzo en correr, dejando de lado muchos otros aspectos valiosos. Es algo que comprendo perfectamente, porque en su momento yo también lo viví, pero en perspectiva mi consejo es que “tocar bien” es mucho más que “ser veloz”.  A fin de cuentas, de lo que se trata es de sentir, de expresar, y de ser feliz.

 

Ahora plantéate...

¿Realmente estudias bien, simplemente pasas el rato tocando aleatoriamente, o tocas siempre igual lo mismo?

Si estudias bien tienes garantizada una buena progresión. Si pasas el rato tocando aleatoriamente, no está mal si lo que quieres es disfrutar sin ninguna pretensión más. Ahora bien, difícilmente progresarás. Si tocas siempre igual pero no te preocupas de aprender a tocar mejor puede que acabes aburrido. Como siempre digo, todo depende de lo que uno desea, porque el tocar bien está en nuestras manos, nunca mejor dicho.

Y ahora llega el momento de mi pregunta reflexiva...

Si tuvieras una máquina del tiempo exclusivamente para regresar a esos momentos donde perdiste el tiempo con la guitarra, ¿volverías a hacerlo igual, o tal vez tratarías de optimizar mejor aquel tiempo perdido?

Que sepas que esa máquina existe, y se llama REALIDAD. Y tu realidad es que aun estás a tiempo de hacer las cosas bien, si quieres. Todo está en proponérselo.

 

 

Martes, 29 Junio 2021 07:59

La máquina de competir

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LA MAQUINA DE COMPETIR

 

¿Os habéis fijado en el diapasón de una guitarra? Es un sendero que comienza anudando su cordón umbilical en el clavijero ¿Poético verdad? Pues lo que sigue es metafórico: comienza en un largo camino lleno de obstáculos, a los que llamamos trastes, con el objetivo de conectar con el corazón del intérprete antes de expulsar el sonido al universo a través de la boca.

 

Todo ese proceso que en la guitarra es instantáneo, como el colacao, puede acabar siendo amargo, como el café, si con el tiempo no lo sabemos gestionar. Siempre he dicho que a mitad del diapasón hay vericuetos ocultos, llenos de recovecos y trampas. El objetivo es llegar hasta el final saltando los obstáculos. Los más importantes tienen que ver con el aspecto físico, y sobre todo, mental. Uno es consecuencia del otro.

 

Cuando nuestro cuerpo nos envía avisos es que algo no estamos haciendo bien. Las lesiones son una constante en la vida del músico. Nos lesionamos por un incorrecto aprendizaje, por vicios posturales y por un inadecuado planteamiento mental de nuestra realidad. Y ahí es donde quiero llegar. Al segundo aspecto.

 

LA SALUD MENTAL DEL GUTARRISTA

 

Qué bien me he quedado cuanto he puesto este subtítulo en mayúsculas. De sobra es conocido en el mundo del Flamenco la cantidad de guitarristas con trastornos mentales, así como los que padecen distonía focal, hasta incluso quien ha padecido miedos escénicos. En otras músicas me consta que sucede exactamente igual.

 

Llega un punto en la progresión del guitarrista en el que se alcanza cierto nivel (o al menos eso se cree uno) y se auto impone una exigencia. Esa exigencia lleva, en casos, a marcarse unos objetivos de ensayo, rutinas y actitudes que rompen el equilibrio personal. A partir de ese momento surgen los ataques de ego, crisis existenciales, lesiones, depresiones, y un sinfín de patologías variadas. Y ni hablo ya del pozo de las vanidades que supone la presencia mediática en las redes sociales.

 

Resulta complicado a veces confundir el aplauso al músico con el reconocimiento a la persona, y más, cuando no se está preparado mentalmente para ello. El artista es un divo en escena por naturaleza pero no siempre se entiende bien la importante metáfora que supone bajar las escaleras del escenario y pisar tierra. De las nubes al suelo. Por eso es muy importante estar siempre supervisado por una persona de calidad, que nos guíe periódicamente, que nos recuerde de dónde venimos y que nos impida despojarnos de la ilusión con la que comenzamos a tocar.

 

Y llegados a este punto, aparece “la competición”. Aquí es donde se confunde la música con el deporte, donde se ve quien ama la guitarra o la utiliza. Y no solo hablo del guitarrista, sino de ese enjambre de pseudo aficionados que confunden al inexperto, comparando unos con otros, sin verdaderos argumentos. Puedo constatar varios ejemplos de personas ilusionadas con la guitarra que han sido literalmente anuladas por culpa de comentarios comparativos. Eso es muy lamentable.

 

A ver, estamos hablando de guitarra, de música. Nadie es más que nadie, y viceversa. Lo que realmente importa es expresar, decir lo que cada uno lleva en su interior, echar afuera sentimientos y vivencias de la mejor forma que podamos. En el momento se entra en el juego de la comparación se ha perdido la batalla. Dejamos de ser auténticos, convirtiéndonos en máquinas de competir y no en músicos. Con frecuencia se manejan términos como “el mejor” cuando se quiere decir “el que más me gusta”. La música y el sentimiento no se cuantifican. Seamos serios.

 

El énfasis lo pongo en un planteamiento sano, en el amor puro hacia la guitarra, hacia la música, sin distorsiones. Si nuestra mente está limpia de comparaciones, envidias y tonterías varias, tenemos el terreno abonado para una vida guitarrística plena. En ese estado nos fascinará ver a alguien que toca de maravilla, a la vez que sentiremos empatía por quien tal vez esté un poco por debajo de nuestro nivel. Todo es sano y, lo que es mejor todavía, podremos crecer con facilidad. El músico que “se lo tiene creído” nunca avanza. Por el contrario, el humilde puede explotar su potencial. Y no hablo de esa “falsa humildad” imperante muchas veces en el mundo flamenco, sino de la humildad real, de corazón para adentro.

 

La guitarra es una carrera de fondo. Llega el que mejor sabe manejar su realidad.

 

Nota:

Éste articulo va dedicado a varias personas que han alimentado mis conocimientos gracias a su experiencia. Casi todos son o han sido alumnos míos, a quienes agradezco su amistad y confianza.

 

Antonio, gran preparador físico que dejó la alta competición para tocar bulerías.

José, que tan bien toca la guitarra y tanto mal le hizo su tío comparándolo con su primo.

Dani, que superó una distonía focal gracias a encontrarse consigo mismo.

Vicente, que tenía unas grandes condiciones pero decidió equilibrar la guitarra con su vida.

Joaquin, que solo cogía la guitarra para actuar y acabó perdiendo la ilusión.

Guillem, que gracias a la guitarra pudo rehacer su vida (tal cual lo cuento).

Floriane, que comprendió que la guitarra es más profunda que la imagen propia.

Luis, que llegó a ser feliz en el escenario viendo disfrutar a la gente.

Eva, artista íntegra, que enriqueció sus directos gracias a la técnica flamenca.

Miguel, que fue víctima de la frustración de su padre y acabó con depresión.

 

Podría nombrar a decenas más, pero ni son todos los que están... ni viceversa.

 

Ahora observa el diapasón de tu guitarra y pregúntale cual es tu perfil:

¿Soñador?

¿Un mercenario?

¿Acaso... aficionado?

¿Me escondo detrás de la guitarra?

¿Disfruto a solas tocando la guitarra en mi casa?

¿Toco la guitarra solamente en reuniones con amigos?

¿Gracias a la guitarra puedo ganar dinero aunque no tenga nivel?

¿Para mí la guitarra es una forma de vida donde la necesito para ser alguien?

¿La guitarra complementa toda la riqueza que tengo en mi vida y le da un sentido especial?

¿La guitarra me evade de una realidad que no me llena y me hace sentir que vivo?

¿La guitarra me conecta con un mundo que solamente existe en mi fantasía?

¿Me siento importante subiendo fotos tocando en las redes sociales?

¿Abrazo la guitarra y soy la persona más feliz del mundo entero?

 

Me apunto a ésta última ¿Y tú?

 

Miércoles, 23 Junio 2021 07:58

Eres como tocas

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ERES COMO TOCAS

¿Nunca os habéis fijado en la postura de un guitarrista en concreto? La posición del instrumentista, sus gestos, o su mirada, hablan mucho de esa persona. El guitarrista que se recoge en torno a la guitarra se está evadiendo del mundo, sumergiéndose en su instrumento; el presuntuoso es como un niño pequeño con su juguete, hace muchos aspavientos y trata de hacerse notar; el que disfruta te lo transmite rápidamente, el que sufre también, el que busca la aprobación ajena no para de mirar al público, el miedoso se esconde, el tramposo trata de engañar con efectos. Como la vida misma. Por eso hago mucho hincapié con los alumnos hacia una introspección constante por su parte, ya que ese aspecto ayuda considerablemente a lo que yo denomino  como “la felicidad del guitarrista”, que no es más que saberse manejar entre los parámetros de las posibilidades individuales.

 

Más de treinta años de enseñanza me han mostrado variedad de estereotipos de alumnos. Podría relatar muchos, y diversos. Recuerdo un chico joven que vino a clase acompañado de su padre, quien no paraba de hablar de las excelencias de su hijo en materia de virtuosismo. Tenía unas condiciones bárbaras, pero lleno de vicios posturales, sacrificando a la vez limpieza por velocidad. Era como un cohete con la rampa de lanzamiento torcida. Le expuse a padre e hijo mi opinión: el chico debía remozar varios aspectos muy básicos antes de continuar. Duró una clase. Con el tiempo coincidí con ellos en un festival flamenco. El hijo no era ni sombra de lo que había visto años atrás. No llegaba a ser ni mediocre. Lo triste era observar que los dos estaban enfadados con el mundo, justificando la falta de progresión profesional del chico por culpa de los demás. Una pena, la verdad, porque el hijo tenía un potencial enorme y a pesar de la paterna insuflación de ego, era buen chico.

 

Pero el ejemplo más clarificador es el de Jorge, un alumno al que tengo especial estima, por su personalidad y sobre todo por lo bien que ha sabido manejarse con su realidad. Jorge no tenía manos de guitarrista, para nada. Era agricultor, con dedos muy callosos y de carácter rígido pero a la vez era una persona muy noble. Se encomendó totalmente a las lecciones, con el firme propósito de “tocar cuatro cositas” que le hicieran sentirse bien tocando flamenco. Lo vi sufrir en clase, con dedos temblorosos, pero con el carácter firme: “tu tranquilo, que esto lo saco adelante, Samora”, decía siempre. Sus ganas por aprender rompieron la rigidez, y sobre todo su nobleza cuando reconocía cuanto le costaba todo. Tuvo un gran aliado: la ilusión. Fue disciplinado y ensayaba todas las tardes varias horas. Se armó de paciencia haciendo todo el trabajo de técnica muy concentrado. Llegó a tocar muy bien. Si, con cierta rigidez, pero fue feliz tocando por Soleá, Fandangos, Malagueñas o Alegrías, por poner varios ejemplos. Supo manejarse y “navegar” entre sus limitaciones. El mismo desechaba “falsetas” de especial dificultad para sus manos, por mucho que le gustaran. Pero a la vez disfrutaba mucho con las que sabía que iba a poder dominar. Y así, poco a poco, fue creando su propio repertorio. Música acorde para si mismo, como un traje a medida. Ahí creció mucho. Sin proponérselo ni darse cuenta, acabó actuando en público acompañando al cante y haciendo algún que otro solo de guitarra de vez en cuando. Jorge me dio una gran lección a mí: a su profesor. Me enseñó que todos podemos lograrlo. Fue una muestra más que la felicidad tocando no se limita más que a disfrutar de lo que haces, dejando de lado lo que esa parte de tu mente te machaca exigiéndote lo que no eres.

 

Con estos dos ejemplos trato de exponer el concepto principal de este artículo. Igual que andamos, nos vestimos, hablamos o gesticulamos como consecuencia de nuestro carácter, de igual modo tocamos la guitarra. Por ello es muy importante ser consecuente a la hora de expresar con la guitarra. Consecuente con lo que realmente somos, sin tratar de surcar por caminos donde otros si que les resulta natural, pero no a nosotros. Esa es la esencia: la honestidad del músico ¿Qué más da si otros hacen algo que nos resulta a nosotros todo un mundo conseguir? Lo importante en realidad está en nosotros, los guitarristas que amamos el instrumento por encima de todo. Y que salga lo que tenga que salir, pero de modo auténtico. Porque en ello está la verdadera esencia. 

 

Y para cerrar el artículo de hoy planteo un par de reflexiones. Contéstate en tu interior, con honestidad ¿Por qué tocas la guitarra?, ¿Para qué tocas la guitarra? 

 

A fin de cuentas... eres como tocas.

Martes, 15 Junio 2021 06:39

Manos a la obra

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MANOS A LA OBRA

Aspectos básicos

 

Parto de la base que cada principiante debe tener una formación básica de técnica, colocación perfecta de dedos, manos, muñeca, brazos y espalda. Si esto de entrada es incorrecto, estamos colocando desde el principio barreras en la adecuada progresión. Es como comenzar a construir un edificio cimentándolo con pilares torcidos. En este apartado es donde más hay que incidir al principio ya que saltarse peldaños solo generará un aprendizaje lleno de trabas. Pongo el ejemplo de una incorrecta colocación del brazo y muñeca izquierda, que es el germen de problemas en la colocación de la cejilla. El alumno verá como progresa en otras técnicas pero la cejilla no la aprieta bien, no le suenan las cuerdas limpiamente, le duele la mano, los dedos, y aparece el primer enemigo: la frustración. Desde ese momento y posiblemente durante mucho tiempo, el aprendiz de guitarrista tendrá que lidiar con un peso moral añadido. Cada vez que necesite hacer la cejilla con el índice izquierdo lo sentirá como algo doloroso y tocará con miedo. Así no se puede tocar ni se puede avanzar. Hay que hacerlo siempre con ilusión y motivación. Por ello incido mucho en una buena formación básica de colocación. Esto es tan solo un pequeño ejemplo.

 

El aprendizaje en la guitarra, como con todo instrumento musical, debe ser progresivo. Comenzar pretendiendo unos resultados inmediatos genera lo que los músicos denominamos “vicios” (ya sé que somos muy viciosos, pero eso es otra historia). Un vicio postural, de colocación de dedos, manos, de ejecución, de tempo, etc, es una losa que nos va a impedir tocar de modo natural. Ahí cobra mucha fuerza la figura del profesor, que es quien debe saber detectarlo y corregirlo de inmediato.

 

Por otro lado el alumno debe aprender a saber discernir entre la correcta ejecución al tocar y lo que se toca “con suciedad”. Esto último quiere decir algo así como hacer sonidos incorrectos, sin pulsar bien, o con asincronía entre manos. Con el tiempo, este aspecto es fundamental para avanzar. Es lo que tantas veces repito en clases: ser honesto. La honestidad tocando es muy importante. Cada uno debemos tocar al nivel que realmente tenemos y no al nivel que creemos que tenemos, o el que desearíamos tener. Para ello es muy importante la paciencia y, sobre todo, la constancia.

 

Considero fundamental en el aprendizaje no solo lo intrínseco a la guitarra, sino también a la forma de estudiar, a saber organizar su tiempo para hacerlo concentrado, y a aprender a ser su propio profesor cuando el profesor no está delante. Esto no se aprende de entrada y es una materia importante que el alumno debe ir asimilando a medida que lo hace también con los conceptos más puramente guitarrísticos.

Martes, 08 Junio 2021 10:56

Elección del instrumento

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Elección del instrumento

Llegará un momento en el que necesites un instrumento ajustado a tu nivel de progresión. Normalmente se comienza con esa guitarra que te regalaron, que tu hermano no toca ya, o que te prestó un amigo, por poner varios ejemplos típicos. Llega un punto en el que comienzas a ejecutar con cierta destreza, sacar sonidos de cierta calidad e intuyes que ya debes hacerte con un instrumento en condiciones. Es el momento de hacerse con una guitarra que será ya tuya, con quien vas a compartir tu vida musical. Es algo importante. Tendrás con el tiempo seguramente otras guitarras de más nivel, pero esa primera será única para ti.

Nada como el consejo profesional de tu mismo profesor. El conoce tus manos, tu forma de trasmitir e intuye tu evolución mejor que nadie. Podrá aconsejarte sobre el tipo de guitarra, maderas, alturas, dureza, color del sonido y nivel de la guitarra que necesites. Ahora bien, siempre debes tener tú la última palabra. Serás tú quien la va a tocar a diario durante años y esa decisión debe pasar por tus manos y tu intuición. Si tu profesor te aconseja un instrumento y tú no sientes que es para ti, no te lo quedes. Podrás volver otro día, contemplar más opciones y adoptar una decisión más certera. Ahora bien, si el universo conspira –como decía Coelho- y se hace realidad que tanto tu profesor como tus sensaciones coinciden, hazte con ella inmediatamente. A partir de ese momento, vais a iniciar tu guitarra y tu una singladura por los mares de la vida, musical y personal, pero siempre unidos. Ya verás.

Consideraciones sobre maderas

Estamos delante de una guitarra española, clásica o flamenca, y lo primero que se fija el estudiante son los colores que, precisamente, es lo último en lo que percibe el entendido. Antes que nada sería conveniente saber distinguir claramente el palo santo del ciprés. Es muy sencillo, tan solo hay que fijarse en el color de los aros (la parte lateral que le da la forma a la guitarra) y el fondo (la parte trasera): si son del mismo color que la tapa (la parte frontal) es porque son de ciprés (guitarra flamenca). En caso contrario se podrá observar que aros y fondo son de color oscuro, distinto al de la tapa, que es lo que distingue visualmente al palo santo. Ahí tenemos la primera distinción.

A continuación necesitamos distinguir entre las maderas que pueden montarse en la tapa (la parte frontal). Normalmente suelen ser de pino o cedro. El pino es claro y el cedro de un color tabaco, más oscuro. Os preguntaréis qué madera puede ser una guitarra de color amarillo, naranja, o roja, por ejemplo. La respuesta es bien sencilla: el pino es una madera tan clara que cuando se barniza se le puede dar el color que se quiera. Sin embargo el cedro, al ser más oscuro y con un color definido, modifica cualquier tonalidad oscureciéndola. Existen otras maderas como el arce o el palo rosa, por ejemplo, con las que se construyen también guitarras pero son un poco la excepción con respecto al pino, cedro, palo santo y ciprés expuesto anteriormente.

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