Practicar la guitarra, una forma de meditar

Practicar la guitarra, una forma de meditar (1)

Miércoles, 29 Junio 2022 11:56

Practicar la guitarra, una forma de meditar

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PRACTICAR LA GUITARRA, UNA FORMA DE MEDITAR?

En ocasiones surge el tema de conversación con los amigos, con los alumnos, y también con más de un espectador después de un concierto. Todos coincidimos en lo mismo: la práctica de la guitarra, o de cualquier instrumento en realidad, es una forma de meditar.

La concentración necesaria para la ejecución musical exige estar inmerso en el momento presente siempre que se practique con sentimiento. Otro aspecto bien distinto es tocar de modo autómata, como si repitiéramos un ejercicio. Aun así, también puede tener un efecto similar a la meditación. Y a modo de pequeña explicación en la que nos vamos a salir de lo intrínsicamente musical, es conveniente matizar que el objetivo principal de la meditación es controlar la propia atención.

Y por qué considero importante relacionar la meditación con la guitarra? Muy sencillo: En la sociedad moderna estamos acostumbrados a tener la mente extremadamente distraída, tenemos mucha información, mucho bombardeo visual, pasamos de un concepto a otro desviando la atención de algo visto hace un segundo hacia otro totalmente diferente, todo ello simplemente con el movimiento de un dedo, las tecnologías avanzan tan rápido que hay que estar permanentemente actualizado, y ello exige una dedicación que cada vez nos aleja más de nuestro verdadero presente y de nuestra atención real, al fomentar la distracción. Nos cuesta cada vez más el enfocarnos en algo porque estamos constantemente distrayendo la atención entre estímulo y estímulo (casi siempre efímero), y generando con todo ello una especie de tormenta mental constante que se nos traslada a todos los ámbitos de la vida ¿Cierto, o no?

Sin embargo, el hecho de tener que estar centrados en tocar la guitarra, necesariamente nos exige sumergir nuestra atención en las posiciones de manos, en la colocación de los dedos, y en abrir los senderos que van desde la mente a las manos pasando por el corazón.

Cuando somos público, en cierto modo sucede lo mismo. Vamos a un concierto (me refiero a los que tienen un mínimo de calidad) y todo lo que sucede en un escenario nos centra la atención tanto, que acabamos viviendo la música que se interpreta de tal modo que necesitamos estar centrados, nos transporta a su propio mundo y acabamos como hipnotizados. Con el cine sucede un poco lo mismo también. ¿Nunca te ha dado la sensación que el tramo de salida de un concierto o de un cine es como una pasarela que, a medida vas andando hacia fuera, vas regresando a la propia vida, como si los pensamientos estuvieran esperando a la puerta?

En los cursos de meditación y mindfulness se trabaja el entrenamiento de la atención pero en nuestro caso tenemos al gran profesor abrazándolo: La Guitarra. Ella nos exige toda la atención, conectar bien nuestras neuronas, y sobre todo una excelente coordinación mental y corporal.

Mi queridísimo amigo Juan, amigo desde la adolescencia, médico neurocirujano y guitarrista flamenco también, me incide mucho desde hace tiempo en los aspectos beneficiosos de la práctica de la guitarra para la mente. Estoy rodeado de un buen equipo, todo hay que decirlo. No solo tengo cerca de un neurocirujano, también una neuróloga de prestigio que ocupa parte importante en mi entorno. Su opinión es muy valiosa para mi. Por ello he decidido escribir este artículo, después de sus comentarios e informaciones recabadas en bibliografía centrada en el tema.

Independientemente de la atención que os exige la guitarra, ¿nunca te ha sucedido que te has transportado a otros tiempos, a vivencias anteriores, o igual te ha proporcionado un placer inédito en un momento dado?

En el momento hemos automatizado las posiciones físicas (cuerpo, espalda, piernas, brazos, manos, y dedos), técnicas (mecanismos, arpegios, alzapúas, rasgueos, escalas, etc) y mentales (tempo, dinámica, ejecución, pasajes, etc), llegamos al punto en el que “nos sobra” espacio en la mente para sentir, para trasladarnos y para disfrutar. Si mantenemos el punto óptimo de equilibrio entre todo ello, llega lo que en meditación se denomina el Nirvana que no es más que un estado de liberación donde no hay preocupaciones. Y ahí está precisamente “el punto G” de la Guitarra –nunca mejor dicho-, que es cuando estamos tocando y conseguimos evadirnos del mundo, de nuestras preocupaciones, y de todo lo que nos rodea, para disfrutar única y exclusivamente de nuestra guitarra y de lo que estemos tocando, sea lo que sea, no importa. Lo importante es esa conexión cósmica entre instrumento e instrumentista que lleva a lo que en el argot del Flamenco se denomina “Duende”.

No importa el nivel que tengamos, ni lo que toquemos, tan solo importa aprender a reconocer, darle la bienvenida a ese estado y poder disfrutarlo. Es mágico. Y puede suceder en cualquier momento, hasta inclusive en la fase de aprendizaje. Pero no nos equivoquemos, esto es como el sexo, no estamos hablando del orgasmo sino de todo el ritual. Si la atención es lo más plena posible, desde el momento en el que abrazamos la guitarra ya se está dando en mayor o menor medida el fenómeno. Físicamente, para poder tocar, antes necesitamos sacar la guitarra del estuche, tener una silla preparada y espacio para practicar. Eso ya nos exige una mínima concentración que nos exigirá empezar a dejar de lado los pensamientos para podernos centrar. Por eso les digo a mis alumnos que paralelamente al proceso de aprendizaje debe ir el proceso de disfrute. Hay que mirar hacia arriba solamente para tener la humildad necesaria que nos permita seguir aprendiendo. Pero mientras se aprende hay que saber disfrutarlo también.

Los guitarristas flamencos no acostumbramos a tener la música en partitura, sino en nuestra mente. De modo innato hemos desarrollado un sistema neuronal propio donde se almacena todo nuestro bagaje musical, así como los infinitos micro procesos de órdenes eléctricas (si, las neuronas se comunican por impulsos eléctricos) que permiten ejecutar finalmente los sonidos de nuestra guitarra. Esas órdenes parten del cerebro y se transmiten desde la espalda, brazos y manos hasta el más mínimo trozo de piel de cada dedo. La memoria muscular, residente en las manos se encarga de ejecutar los movimientos de los dedos con precisión quirúrgica. Es todo una genial obra de ingeniería. Y lo hacemos sin darnos cuenta apenas.

Voy a poner un ejemplo muy didáctico, pero antes lo voy a contextualizar. De joven un día fui a dar clase. Tenía muchas ganas de aprender. Pero mi maestro ese día estaba desganado. Aprendí una falseta de Malagueña y la verdad, me supo a poco, yo quería más material para trabajar en casa. Me fui un poco triste de clase. De esto hace ya más de cuarenta años. Cada vez que tengo que acompañar a un cantaor por Malagueñas toco esa falseta, y sin decidirlo, la suelo tocar con un sentimiento extra de tristeza primero, y rabia después. Siempre me jalean cuando la hago. La música de esa variación en concreto no es nada del otro mundo, pero cada vez que la interpreto saco fuera el sentimiento que desde entonces me acompaña con esa falseta, casi cincuenta años que esa música “vive en mi” y adherida a ella van aquellos sentimientos que salen a flote cada vez que la toco. ¿Y por qué sucede esto?

Cuando se aprende una música, las neuronas llamémosle “del recuerdo” no solo generan un “archivo” donde se graban las notas, las órdenes de ejecución y los sonidos, sino también las emociones del momento, el contexto vital y hasta el más mínimo detalle imperceptible a primera vista. Cuando con el paso del tiempo se toca esa música, le llega al guitarrista todo el “pack” completo: no solo ejecuta las notas, sino que también se transporta al momento de aprendizaje, con todas las connotaciones de por aquel entonces (emociones, olores, etc). Y ahora que hablo de olores, ¿quién no ha asociado alguna vez un olor con una situación, con una persona, o con un recuerdo? Es exactamente el mismo ejemplo. Por ello aseguro que en el paquete de información de una música va mucho más que las propias notas.

¿Y por qué hablamos de esto si estamos hablando de guitarra y meditación? La meditación no es más que una herramienta para entrenar nuestra atención, que es lo que necesitamos para tocar la guitarra, mucha atención, mucha concentración y mucha relajación a la vez. Las notas, dicho de modo metafórico, surgen del Universo y nosotros las cazamos para hacerlas sonar, pero en realidad surgen de nuestra mente, de nuestras neuronas. Y muchas veces los recuerdos y emociones adheridos a ellas son los encargados luego de impregnar los sonidos de sentimiento.

Dedicado a Juan, mi Pepito Grillo particular, amigo del alma a quien le debo la vida, con quien compartí desde bien joven la emoción del descubrimiento del Flamenco, de la Guitarra y de la devoción por Paco de Lucía. También para Anna, que camina por la vida de puntillas, pero que es capaz de acabar la Sagrada Familia en una tarde ella sola.

Pero ahora hablemos de ti. Venga, deja el móvil, las RRSS, apaga la radio esa de la mente y contéstate…

¿Has disfrutado en ocasiones practicando la guitarra?

¿Te han asaltado recuerdos cuando tocabas alguna vieja canción?

¿Qué personas han llegado a tu mente mientras ejecutabas ciertas falsetas?

Cuándo abrazas la guitarra y comienzan los sonidos a brotar, ¿Te evades?

¿Se para el mundo cuando tocas la guitarra?

 

Estoy seguro que estamos muy de acuerdo en muchas cosas :-)

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