Martes, 13 Julio 2021 09:04

Las lesiones, pulsación y cuerdas.

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LAS LESIONES

Siempre que veo a un músico, ya sea guitarrista o no, lo primero que pienso es en la cantidad de vida que se ha dejado esa persona con su instrumento. Es inevitable. A la vez que también pienso en la cantidad de lesiones que seguro ha padecido y seguramente seguirá padeciendo, hasta inclusive las que tendrá de modo crónico. Es uno de los sinos del músico.

El principal talón de Aquiles del guitarrista es la espalda, pero no el único. También las articulaciones, brazos, manos y piernas. Hernias discales, nervios ciáticos, sobrecargas musculares y esguinces es lo más frecuente. Capítulo aparte merece la Distonía focal, que es más bien un problema neurológico, donde los dedos se nos “rebelan” bloqueando la orden que le da nuestra mente para ejecutar un movimiento, quedándose rígidos.

Por ello incido mucho en una buena colocación temprana: una buena postura del cuerpo, brazos, antebrazos, muñeca, manos y dedos. Sobre esa base se debe iniciar el aprendizaje, y toda ejecución debe estar supeditada a una buena colocación. A continuación está la “postura emocional”, esto es, la actitud con la que tocamos: si lo hacemos forzando lo único que conseguiremos es una ejecución antinatural y futuras lesiones; pero si nuestra actitud es relajada será todo lo contrario. Claro, todo esto hay que trabajarlo desde el principio. Por ello es conveniente una aceptación del nivel que tenemos en ese momento y no tratar de saltarnos procesos. Hay que entender que las manos, sobre todo los dedos, van a tener que ser sometidos a unos nuevos movimientos donde van a entrar en acción nuevas ejecuciones que van a necesitar ser musculadas desde cero. Todas estas nuevas ejecuciones deben tener una progresión paulatina hasta lograr formar parte del repertorio de movimientos automatizados.

Nos preguntaremos que son los automatismos, lógicamente. Esto es importante entenderlo. Cuando un movimiento se repite adecuadamente durante 300 veces, pasa de ser un movimiento ordenado por la mente a ser un movimiento automático. Me explico: si queremos coger un vaso de una mesa nuestro cuerpo acerca el brazo, lo extiende, abre la mano, hace la pinza entre pulgar y el resto de dedos y coge el vaso. En realidad la orden que nuestra mente ha dado a nuestro cuerpo es “coge el vaso”, y nuestro brazo ha hecho automáticamente el resto de movimientos. Con la guitarra sucede igual. Queremos hacer un rasgueo, que acabe con golpeo en tapa y luego subamos el índice. No tenemos más que ordenarlo a la mano y ella lo hace sin pensar en los sub-movimientos que implica. Pero claro, antes hay que trabajar bien el flujo de información de la mente a los dedos para que éstos lo ejecuten limpiamente de modo automático. Es tan solo un ejemplo. Repito: clave el aspecto postural y emocional.

En realidad, todo esto no es más que un reflejo de la vida misma. Cuando forzamos una relación presionando (consciente o inconscientemente) la actitud de otra persona, puede que funcione durante un tiempo pero tarde o temprano el equilibrio se quiebra. Pues la relación instrumento-músico no deja de ser lo mismo, salvo que aquí las desavenencias se traducen en lesiones. Es conveniente establecer desde el principio un trato recíproco entre los dos. El guitarrista debe comprender la física de su instrumento, tanto  sus tensiones, como su preciso punto de sonoridad para cada timbre, hasta conocer los peligros derivados del clima.

LA PULSACIÓN

Es de suma  importancia que cada guitarrista consiga llegar al punto óptimo de pulsación. Conseguirlo es encontrar el punto de equilibrio entre la fuerza, tensión y colocación de mano derecha del guitarrista al pulsar las cuerdas. Ni muy flojo, ni muy fuerte. Donde la guitarra te devuelve su sonido sin ahogarla, ni tampoco por debajo de su sonido. Con una pulsación en la que el guitarrista se sienta cómodo y ejecute sonidos de modo natural no solo se optimiza el sonido sino también es garantía de una buena salud anti lesiones. Y como consecuencia, también evitamos tensiones emocionales. El intérprete que tiene automatizada su pulsación no necesita forzar para conseguir nada porque su pulsación es su lenguaje. Y bueno, aquí entrarían en acción factores psicológicos que merecerían capítulo aparte, pero lo resumo en una frase: “Somos como tocamos y no podemos tocar como no somos”. 

Otro aspecto a tener en cuenta dentro de la pulsación es la elección adecuada del juego de cuerdas que le vamos a poner a nuestra guitarra.

LAS CUERDAS

A veces creemos que usando la misma marca de cuerdas que usa cierto guitarrista importante vamos a tocar igual: ERROR. Por eso es conveniente ir aprendiendo a tener criterio. 

Antes que nada, y dejando siempre de lado las marcas, hay que dejar claro que cada fabricante tiene (o al menos debe tener) tres tipos de cuerdas de cada modelo por su tensión: fuerte, media, y blanda. A su vez, también hay que saber que las guitarras se construyen también con varios tipos de tensión (no confundir con la altura del hueso del puente). Y luego, por supuesto, está nuestra pulsación. El tipo de tensión de las cuerdas es lo da el toque final al equilibrio entre guitarra y guitarrista en materia de pulsación.

Voy a poner un ejemplo. Si tenemos una guitarra que ya de por sí es dura, y nuestra pulsación es normal, lo que equilibraría todo sería un juego de cuerdas de tensión blanda. La jugada consiste en buscar el punto intermedio.

Y con respecto a la marca de cuerdas, aquí no voy a entrar en el juego de marcas pero sí que al menos puedo explicar varios conceptos. De entrada, es un tema muy susceptible de difícil normalización. Mi consejo es ir probando hasta que se encuentre el juego que mejor se adapte a los gustos del guitarrista. Varios aspectos a tener en cuenta:

Homogeneidad: En un juego de cuerdas homogéneo no hay cuerda que destaque sobre las demás. Sus calibres son adecuados para que no haya saltos entre primas y bordones. Mantienen bien la afinación en todo el juego. Suelen ser más longevos y mantienen la afinación.

Longevidad: Normalmente se tiene más en cuenta en los bordones que en las primas. Hay juegos de cuerdas que nos deslumbran nada más ponerlos pero al poco tiempo se apagan. Sin embargo hay otros que no son tan espectaculares de entrada pero que mantienen su brillo durante más tiempo.

Afinación: Aquí depende mucho un buen calibrado del fabricante. Si el calibre se mantiene bien después de poner las cuerdas es muy probable que afinen bien siempre las cuerdas. De todas formas me he encontrado con algún que otro juego con grandes problemas a la hora de afinar pasados unos días.

Timbre: Aquí entra mucho en juego el material de la cuerda. Las hay de carbono, u otros componentes diferentes al habitual nylon de siempre. Así como el calibre, que consigue una notable variación en el tono en función del grosor.

Estabilidad: He aquí el talón de Aquiles de más de un fabricante, donde la 4ª (hasta incluso la 5ª) se rompe con suma facilidad. Entre guitarristas, son marcas que sabemos de ese problema y difícilmente las compramos.

Tacto: Esto es fundamental. Una cuerda con un tacto áspero suele ser bastante desagradable. Sin embargo una cuerda bien pulida hace que el dedo pulse con más sensibilidad y convierta en atractiva su pulsación.

Me he puesto a escribir sobre cuerdas y me he salido del guion. Pero es que todo lo relativo a la guitarra es que me fascina. Escribo y no paro. Espero no haberme lesionado con tanta explicación, que era el motivo de éste artículo. Pero es que tiene mucha conexión el tema de las lesiones con la pulsación, y para explicar la pulsación era necesario hablar de las tensiones del encordado. Digamos que hemos hecho un 3x1.

Y ahora llega el momento de las reflexiones finales:

¿Te has lesionado alguna vez por tu forma de tocar?

¿Conoces a alguien que se haya lesionado?

¿Qué juego de cuerdas usas, y por qué?

La reflexión es un buen camino para mejorar.

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